La tierra no nos fue heredada por nuestros padres, nos fue prestada por nuestros hijos.
La rapidez, que es una virtud, engendra un vicio, que es la prisa.
Entran dos rubias imponentes a una discoteca. Y un borracho las ve y decide hacerse a la mar. Empieza entonces audazmente a seguirlas, con porte de seductor. Ellas lo ven y comienzan a huir solapadamente de él. Y recorren toda la disco: que el borracho las sigue, que las rubias corren. De pronto, una decide plantársele y le dice: "¡¿Se puede saber qué quiere?!" Emocionado, responde el borracho: "¡Ah! ¡¿Pero puedo elegir?!"
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