Un borracho se sube a un autobús. Un testigo de Jehová lo mira, y le grita encolerizado: "¡Pérfido, vas directo al infierno!". "Mierda, me volví a equivocar de autobús."
La rapidez, que es una virtud, engendra un vicio, que es la prisa.
Había, una iglesia con el techo tan bajo, pero tan bajo, que el cura en vez de decir "Pueden sentarse" decía "pecho a tierra".
|