Hay ocasiones en que cuantos nos rodean no merecen sino un poco de comedia. Seamos, entonces, un poco farsantes.
Entran dos rubias imponentes a una discoteca. Y un borracho las ve y decide hacerse a la mar. Empieza entonces audazmente a seguirlas, con porte de seductor. Ellas lo ven y comienzan a huir solapadamente de él. Y recorren toda la disco: que el borracho las sigue, que las rubias corren. De pronto, una decide plantársele y le dice: "¡¿Se puede saber qué quiere?!" Emocionado, responde el borracho: "¡Ah! ¡¿Pero puedo elegir?!"
Quiero soñar con que me amas, aunque despierte y siga soñando, aunque te mire y suspire, quiero soñar con ser tuyo, aunque no me mires ni me quieras, pero yo seguiré soñando.
|